Manifiesto Arte Residual
Catálogo de la exposición individual “Arte Residual” - Centro Cultural La Hendija- Paraná- 1989
Hacer arte es encender el grabador ¡clic!, y tratar de ver qué hacer con toda esta basura. Unir, superponer, romper, armar basura; untarse de basura. Ponerse a tono con la basura de adentro.
Esta gripe que sufro no sé si comenzó cuando nací, o tal vez en 1.810, quizás en 1.492…pero no hay cosa más horrible que esas gripes que no se curan más, que te molestan en el cerebro y en la punta de la nariz, que te desgarran en el pecho y te dejan los ojos escondidos y brillosos.
Tengo un par de antiparras de nadador, y estoy contento porque les encontré varios usos. Por ejemplo funcionan bien en la escultura del “Vacathletha”, también sirven para proteger mis ojos cuando pico cebollas, y hasta en algunos casos, para hacer natación.
Todo sirve, y sirve mucho, porque no hay posibilidad de elección o derroche.
Ciertamente, vivimos del derroche ajeno. Todavía no estamos todos en la calle hurgando entre los desperdicios podridos, pero… en mayor escala sí recibimos basura del mundo tecnológico desarrollado, excrementos de computación y química… y yo, yo quiero esa silla del tapiz despanzurrado que está en la calle; tiene que ser para mí.
Hay que sumarse a la lucha contra el piruja y en basurero, y si alguien está tan loco como para tirar las hojas de la computadora, que me las dé a mí, para hacer anotaciones y bocetos.
Por suerte ( o sin ella) estamos en un período de la imitación. Una orquesta es un sintetizador, un bronce es purpurina, la plata es papel, el oro es hierro dorado y el hierro es cartón o tergopol disfrazado, todo es disfrazado… todo es imitable, y esta voz, esta voz no es mi voz.
Luego del saqueo, los chicos pelean en las calles, y los canas vigilan el morfi, y seguimos juntando basura aquí o nos exiliamos para juntar la basura de los europeos.
Y aquí estamos los primates enfermos, que algún día llegaremos a astralophytecus, o a europeos, o al infierno, tratando de arañar fuerzas para amar, o para odiar.
Víctor Gómez